02/03/2010

Petra, la ciudad mítica.

Petra, la ciudad m√≠tica que los beduinos ocultaron durante 700 a√Īos.



1.000 a√Īos antes de la llegada del profeta los nabateos, un reino √°rabe antiguo e inteligente como no ha habido otro, aprend√≠a las ventajas de vivir en el desierto y levantaba su capital en un lugar m√°gico al que los romanos llamar√≠an Petra.

Ser√° el fen√≥meno de 'el ni√Īo' o ser√° la naturaleza que es impredecible, el caso es que en un invierno tan anormalmente c√°lido y seco, la √ļnica ola de fr√≠o, nieve, ventiscas y temperaturas g√©lidas me ha tocado vivirla aqu√≠, en Jordania. Despu√©s de las fuertes precipitaciones la nieve se va retirando y el camino a Petra queda despejado. Sale humo de las jaimas beduinas, sin duda procedente de alg√ļn fuego donde preparan t√© negro con hierbas secas del desierto cuya fragancia es indescriptible. En el exterior los ni√Īos, alborozados por tan extraordinario paisaje todav√≠a blanco, se lanzan bolas de nieve entre gritos y carreras.
 
El ni√Īo beduino se despereza por la ma√Īana mientras en la hoguera se calienta el t√©.
A juzgar por la infraestructura tur√≠stica y hotelera de Wadi Mousa, el pueblo desde el que se accede a Petra, nadie dir√≠a que este sitio ha estado olvidado y abandonado durante siglos. Docenas de jinetes a caballo invitan al visitante a montar en los animales para ser acercados a la entrada del Siq, el desfiladero que da acceso a la ciudad escondida de Petra y que recre√≥ Steven Spielberg en su pel√≠cula 'Indiana Jones y la √ļltima cruzada'.
 
Jinete beduino a la entrada de Petra.
Los ancestros de estos beduinos que viven y nomadean por los desiertos de Jordania fueron los nabateos, padres y máximos responsables del florecimiento y esplendor de la cultura árabe en sus orígenes.
 
Los beduinos ofrecen también a los visitantes carruajes para acercarse a Petra.
Cuenta la historia que el reino nabateo naci√≥ en la ciudad-estado de Petra, un lugar rodeado de un desierto que a diferencia del sahariano de palmeras y dunas de arena, se extiende entre monta√Īas y llanuras de piedra descarnada. Estamos en el desierto de la 'Arabia p√©trea', como as√≠ lo llamaron los romanos.
 
La Arabia pétrea, el desierto de piedra de Jordania.
Los nabateos, una tribu nómada que provenía del actual Yemen, comprendieron muy pronto que domesticando al camello, un animal capaz de pasar muchos días sin beber y de transportar 200 kg. sobre su lomo a una velocidad de 40 km/día, haría transitable el desierto.
 
Si esos 200 kg. eran de incienso, oro, sedas u otras mercader√≠as codiciadas en la √©poca, adem√°s de reportarles riqueza les dar√≠a poder, convirti√©ndolos en los 'se√Īores' del desierto y de las rutas comerciales. Los nabateos crearon las rutas caravaneras y Petra ser√≠a el centro de aquella red de sendas comerciales que recog√≠an las mercanc√≠as que ven√≠an por mar desde India y China para trasladarlas pasando por Petra hacia el Mediterr√°neo para ser distribuidas por los principales puertos del mundo grecorromano.
 
La joven beduina cuida unas cabras a la entrada de Petra.
Petra, sabiamente administrada por los reyes nabateos, vivió siglos de esplendor y se convirtió en una leyenda, pero a mediados del siglo I d. de C. el eje caravanero empezó a desplazarse hacia Palmira y Gerasa, lo que restó importancia a Petra. El declive del reino nabateo propició la conquista romana, más o menos tolerada o consensuada por los propios nabateos, que eran demasiado inteligentes como para perder la vida defendiendo una ciudad que, como digo, empezaba a ser sustituida por Palmira o Bosra en las preferencias de las caravanas.
 
Al atardecer la mujer beduina prepara su montura para volver a la jaima.
En los a√Īos sucesivos y especialmente con la llegada de Trajano al trono, Petra volvi√≥ a revivir a√Īos de fama y prosperidad. Fue nombrada metr√≥polis y embellecida con una columnata y numerosos edificios de belleza desconocida en aquella √©poca. D√©cadas despu√©s del reinado de Adriano, Petra comienza un lento pero inexorable declive. Perdi√≥ su rango de metr√≥poli para ser convertida en colonia romana y m√°s adelante la capital de la provincia de la Palaestina Tertia.
 
Escrituras nabateas en las monta√Īas del desierto.
Para colmo de males en el a√Īo 363 un violento terremoto derribar√≠a gran parte de todo lo construido por los romanos. Pero aun estando semiderru√≠da, la belleza de Petra volver√≠a a conquistar la mirada y el coraz√≥n de una nueva potencia emergente, el imperio bizantino, que la nombrar√≠a sede obispal y construir√≠a una bas√≠lica y varias iglesias con magn√≠ficos mosaicos.
 
Mosaicos restaurados en el suelo de la basílica bizantina.
200 a√Īos m√°s tarde, en el 551, un nuevo terremoto devastador arrasar√≠a Petra, que qued√≥ casi deshabitada para, a√Īos despu√©s, ser brevemente ocupada durante la √©poca de las cruzadas y abandonada tras la derrota de √©stos a manos de Saladino. Petra qued√≥ desierta y cay√≥ en el olvido. En sus ruinas abandonadas se establecieron grupos de beduinos que en el interior de aquellas tumbas y templos derruidos encontrar√≠an un magn√≠fico resguardo para sus familias y reba√Īos, as√≠ como los abundantes dep√≥sitos de agua que los nabateos hab√≠an construido durante su reinado.
 
Como en tiempo de los nabateos, el agua de las escasísimas lluvias se canaliza hacia Petra para ser almacenada en cisternas.
Pr√≥ximos a Egipto y conocedores de lo que all√≠ estaba ocurriendo, los beduinos guardaron en secreto la existencia de Petra por temor a que llegaran los cazadores de tesoros y antig√ľedades. Gracias a este celo la ciudad se mantuvo intacta durante siglos y s√≥lo la curiosidad de un joven explorador suizo ser√≠a la causa de que 700 a√Īos m√°s tarde la humanidad rescatara felizmente este lugar m√≠tico, este tesoro cultural, tal cual hab√≠a quedado tras ser abandonada por √ļltima vez.
 
Los beduinos son celosos guardianes de su cultura y patrimonio.
Petra, a pesar de ser citada en la Biblia con el nombre de Sela (roca en hebreo), ser√≠a olvidada y su nombre quedar√≠a como el de una princesa de un cuento, a mitad de camino entre la leyenda y la imaginaci√≥n de viajeros y contadores de historias antiguas. Al fondo del valle ocupado por Petra hay una monta√Īa y sobre ella una tumba-mezquita donde seg√ļn la tradici√≥n musulmana est√° enterrado Aar√≥n, el hermano de Mois√©s. A los pies de esa monta√Īa dormir√≠a un sue√Īo de siglos la capital del reino √°rabe que fascin√≥ al viejo mundo.
 
Sobre esta monta√Īa se encuentra el mausoleo de Aaron. A sus pies parte de Petra.
Hasta que en 1812 un viajero muy especial cruzara aquellas tierras nabateas. Aquel viajero que vestía ropas árabes y se hacía llamar Ibrahim Ibn Abdallah, era en realidad un explorador suizo, Johann Ludwig Burckhardt, que comisionado por la 'Asociación Africana' del BFO -British Foreign Office- estaba preparando una expedición a algunas zonas desconocidas de Africa.
 
Sólo hay un Dios, Alá y Mahoma es su profeta.
Para llevar a cabo este encargo del BFO, Burckhardt se hab√≠a estado preparando durante varios a√Īos. Estudi√≥ astronom√≠a, medicina, bot√°nica y sobre todo √°rabe. Tambi√©n se hab√≠a entrenado haciendo largas caminatas, ayunando y durmiendo a la intemperie bajo condiciones extremas. Posteriormente hab√≠a marchado a Siria donde durante dos a√Īos estudi√≥ las costumbres y tradiciones isl√°micas para poder hacerse pasar por musulm√°n. Tanto se interes√≥ por el Islam que su conocimiento le permitir√≠a mantener doctas discusiones con autoridades religiosas musulmanas, las cuales apreciaban en gran medida sus opiniones.
 
Retrato grabado del gran explorador Bhurckhardt.
Pero Burckhardt fue capaz de llegar tan lejos y hacer todo aquello no porque se lo encomendara el BFO sino porque le sucedi√≥ lo mismo que posteriormente le pasar√≠a a Lawrence de Arabia: amaba por encima de todo a la cultura √°rabe y respetaba profundamente las ense√Īanzas del Cor√°n, aunque no compartiera algunas.
 
Campamento beduino en mitad del desierto pétreo.
Visitando la fortaleza cruzada de Shobak, Burckhardt oy√≥ hablar de una ciudad muerta poblada de tumbas, templos y palacios esculpidos en la roca viva de unas monta√Īas. Tambi√©n oy√≥ que no se pod√≠a llegar hasta all√≠ porque casi nadie sab√≠a d√≥nde estaba y, adem√°s, era custodiada por beduinos armados poco amigos de extra√Īos y curiosos.
 
Ajl√ļn, uno de los muchos castillos cruzados erigidos en Jordania.
Aquella revelaci√≥n constitu√≠a un enigma que Burckhardt no se resistir√≠a a averiguar. La excitaci√≥n corr√≠a por su cuerpo y no pod√≠a conciliar el sue√Īo. Cuando supo que atravesar la ciudad muerta era el √ļnico camino posible para llegar a la monta√Īa en cuya cumbre se encontraba la tumba del profeta Aar√≥n, traz√≥ un plan perfecto.
 
Sobre la monta√Īa, en un c√≠rculo rojo, la tumba de Aar√≥n.
Tras arduas pesquisas logró enterarse de cuál era el camino a la tumba de Aarón, así que compró un cordero y le dijo a su guía que deseaba sacrificarlo en la tumba del profeta. Desviarse del camino y penetrar en territorio beduino era algo que desagradaba profundamente al guía, pero se calló y accedió a ello para no provocar la ira de Aarón y el castigo sobre él o su familia.
 
Recorte de la foto anterior.
Con todo planeado los dos hombres y el cordero emprendieron el camino, pero Burckhardt caminaba en silencio preocupado por los grandes peligros que se cern√≠an sobre ellos, ya que los beduinos nunca entender√≠an que alguien se interesara por unas ruinas, y si le descubr√≠an ser√≠a tomado por un esp√≠a o a√ļn peor, un buscador de tesoros antiguos.
 
Cartel anunciando el Siq.
Despu√©s de d√≠as caminando y consultando a los n√≥madas que se cruzaban por el camino, una buena ma√Īana, el gu√≠a par√≥ en seco y extendiendo su cayado en direcci√≥n a una monta√Īa le susurr√≥ al explorador que hab√≠an llegado: ambos hombres, con los ojos abiertos como platos miraban inm√≥viles, en silencio, la gran grieta que daba acceso al desfiladero del Siq, el camino m√°s sobrecogedor que existe en este planeta.
 
Paso imponente a través del Siq.
En la √©poca de los reptiles gigantes una sacudida tel√ļrica, un terremoto de violencia inimaginable, hab√≠a partido la monta√Īa en dos provocando una grieta de kil√≥metro y medio de largo, tan limpia que parec√≠a haber sido hecha con un √ļnico y certero golpe de hacha.
 
Uno de los mil recodos del Siq.
Superado el asombro, Burckhardt comenzó a internarse por el Siq. No era prudente detenerse pues los beduinos acechaban, pero la belleza del lugar y los restos arqueológicos que yacían por doquier quebrantaban su voluntad, haciendo que se parara a cada paso, levantando las sospechas incluso de su propio guía acerca de sus verdaderas intenciones.
 
Betilos a lo largo del desfiladero.
En las paredes del desfiladero se apreciaban grafitis y betilos (esculturas religiosas nabateas), que el suizo no pod√≠a reconocer. A pesar de ser un experto nunca hab√≠a visto nada semejante en ning√ļn libro ni conoc√≠a que se hubiera ilustrado nada parecido. En el suelo se ve√≠an restos de una calzada antigua y entre los cascotes trozos de cer√°micas de diferentes estilos, alguno de ellos desconocido. ¬ŅQu√© extra√Īo lugar era aquel?.
 
El desfiladero termina bruscamente tras un recodo y se abre el tel√≥n. El momento parece decir: ‚ÄúViajeros del mundo entero: he aqu√≠ Petra.‚ÄĚ
Sigui√≥ recorriendo el Siq hasta que al cabo de una hora, girando en un recodo el camino, por arte de magia, emergi√≥ como una aparici√≥n la vista m√°s sobrecogedora que nunca pudo imaginar: un mausoleo tallado hace 2000 a√Īos en una monta√Īa de arenisca roja, una joya del arte helen√≠stico.
 
El mausoleo de la urna, llamado tambi√©n ‚Äúel tesoro‚ÄĚ.
Al desembocar por fin en un valle, Burckhardt record√≥ un texto de Plinio el Viejo que dec√≠a as√≠: 'Los nabateos poseen una ciudad llamada Petra, asentada en un valle de algo menos de 2000 pasos de ancho y rodeada de monta√Īas inaccesibles y atravesadas por un r√≠o'. No cab√≠a duda, aquella ciudad muerta por la que estaba caminando era Petra, la capital del reino de los nabateos.
 
Estos art√≠culos son publicados tambi√©n en le web ‚Äėquesabesde.com‚Äô dentro de la secci√≥n ‚ÄėDiario de un fot√≥grafo n√≥mada‚Äô.
Prohibida la reproducción total o parcial.

Si deseas publicar alg√ļn comentario sobre este reportaje s√≥lo tienes que rellenar todos los campos del formulario inferior.

Usuario

Email (no se publicar√°)

Comentario sobre el reportaje

Azken Muga :: Blog de Viajes