17/04/2010

Ellora: la bella desconocida.

Ellora: la bella desconocida.



En el oeste de la India, en el estado de Maharashtra, existe un lugar escondido en medio de las monta√Īas de Charanandri: Ellora, uno de los santuarios m√°s excepcionales de Asia. Emplazado entre cascadas y riachuelos, se levanta un conjunto de 34 cuevas templo excavadas en la roca hace m√°s de mil a√Īos. Entre ellas, el templo de Kailasanatha, la joya perdida del rey Krishna I.

Maharashtra es uno de los estados de la India con pasado más glorioso. Su geografía se encuentra ribeteada de templos y fuertes de tan asombrosa factura que dejan boquiabierto al viajero más avezado. Bombay, capital y corazón financiero e industrial de Maharashtra, es una megalópolis cuyo trepidante ritmo de vida nada tiene que ver con la espiritualidad y el provincianismo del resto del estado.
 
Un ejecutivo se toma un respiro en un tranvía de Bombay.
A 25 kil√≥metros de la ciudad de Aurangabad, en medio de los montes de Charanandri, se encuentra Ellora, un lugar sagrado que fue centro de culto durante m√°s de 500 a√Īos, a lo largo de los cuales se construyeron cuevas templo de diferentes religiones, de las que quedan 34 en la actualidad. Resulta dif√≠cil comprender los motivos que llevaron a aquellos hombres a construir hace m√°s de mil a√Īos un santuario tan singular en este macizo rocoso, y decimos "construir" pero la palabra exacta es "excavar", ya que se trata de un complejo troglod√≠tico.
 
Petra, el ejemplo más conocido de arquitectura troglodítica.
No son edificios exentos, levantados a la manera tradicional, sino que est√°n excavados en la piedra de la monta√Īa, como los de Petra en Jordania, Abu Simbel en Egipto o la Capadocia turca.
 
Un monasterio troglodítico en la Capadocia turca.
En Ellora existen 34 templos pertenecientes a diferentes religiones: budismo, hinduismo y jainismo. Para todas ellas resultaron muy atractivos tanto el emplazamiento del lugar, rodeado de monta√Īas, como la idea de los templos cueva, que a√Īad√≠an un valor espiritual y enigm√°tico a este sagrado santuario.
 
Uno de los arroyos que rodea Ellora.
Los primeros en llegar a la remota y monta√Īosa Ellora fueron los monjes budistas, all√° por el siglo VII. √Čstos siempre buscaban lugares aislados y abruptos, apropiados para la meditaci√≥n y la b√ļsqueda de la verdad. Asimismo, el budismo representa el camino hacia la sabidur√≠a como una monta√Īa que hay que ir ascendiendo hasta llegar al nirvana.
 
Cuevas templo budistas bajo la monta√Īa y una cascada.
Ellora tambi√©n produc√≠a un gran magnetismo para el hinduismo, ya que el conjunto rocoso tiene forma de media luna, algo muy adecuado para el culto de Shiva, un dios lunar que probablemente sea el m√°s venerado en la India. Tambi√©n para los hind√ļes resultaba simb√≥lica la conjunci√≥n de un entorno natural de gran belleza, los templo monta√Īa y las cuevas, porque en el hinduismo la idea m√°s importante del ser humano es la de encontrar su lugar dentro de la creaci√≥n, comprender que el hombre es una pieza m√°s de la naturaleza.
 
Entrada al recinto de Ellora. Al fondo, excavado en la roca, el primer templo hind√ļ.
Para los jainistas, cuya religi√≥n combina aspectos del budismo y el hinduismo, Ellora ejerc√≠a una gran fascinaci√≥n. Sus templos emanan la austeridad de su fe y la opulencia de su arte, en que el detalle m√°s insignificante tiene la misma importancia que el conjunto de la obra. Los templos m√°s sencillos de Ellora son los budistas, unas simples cuevas compuestas de algunas celdas. Tambi√©n excavaron alg√ļn monasterio, donde los monjes viv√≠an dedicados al estudio y la meditaci√≥n.
 
Monasterio budista de Ellora excavado en la monta√Īa.
El interior de estos monasterios era también de gran austeridad, formado por una sala central comunitaria, mesas de piedra y columnas que servían para separar espacios, ya que las paredes no habrían dejado entrar la luz hasta el fondo, pues la profundidad de la excavación era enorme.
 
Sala interior del monasterio budista con las mesas en primer plano. Del techo hacia arriba, todo es monta√Īa.
Dentro de la doctrina jainista se da una situación muy llamativa: sus fieles son probablemente los ascetas más radicales. Vegetarianos a ultranza, pueden llegar a ser tan drásticos como los "vestidos de cielo", que viven desnudos para demostrar su desapego hacia todo lo terrenal.
 
Cuevas templo jainistas de estilo arcaico bajo una cascada.
En contraposición a esta austeridad, el concepto artístico jainista es seguramente el más exuberante y profuso de cuantos se conocen en la historia de la humanidad. En Ellora se manifiesta esta dualidad jainista, combinando ascetismo casi minimalista y opulencia en la decoración de sus cuevas.
 
El arte jainista de Ellora evoluciona hasta convertirse en un espect√°culo asombroso, como en los templos de Ranakpur.
Como anécdota, recuerdo que deambulando por estas cuevas llegó a mis oídos una melodía; era una voz que entonaba un mantra. Miré a mi alrededor hasta que descubrí que aquel sonido cautivador venía del interior de una de las cuevas jainistas. Atrapado por aquella voz, llegué hasta la cueva y me senté en el suelo, embelesado, a escuchar; apoyado contra una pared, perdí la noción del tiempo.
 
Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, pude distinguir al fondo la figura de un Buda que llevaba all√≠ m√°s de 1.300 a√Īos; no hab√≠a nadie m√°s. ¬ŅCu√°l era el misterio? ¬ŅHabr√≠an puesto alg√ļn tipo de megafon√≠a oculta para crear un efecto de espiritualidad? Al cabo de unos minutos aquella voz call√≥, y de detr√°s del Buda apareci√≥ un hombre de mediana edad que al salir me sonri√≥ con mirada sorprendida.
 
Mi expresi√≥n tambi√©n deb√≠a de ser de estupefacci√≥n. Ser√≠a la sonoridad de la cueva, la dulzura de la voz o la belleza de la melod√≠a, pero yo que presumo de ser buen conocedor de las m√ļsicas del mundo y de haber o√≠do casi todo jam√°s hab√≠a escuchado nada tan hermoso; nunca lo olvidar√©.
 
La cueva donde tuvo lugar mi experiencia musical.
Pero sin duda, los templos m√°s interesantes del emplazamiento son los hinduistas, y entre ellos la joya de Ellora, el templo de Kailash -la morada de placer-, del mismo nombre que la monta√Īa m√°s sagrada del Himalaya, lugar santo de peregrinaci√≥n para los tibetanos.
 
Dos hombres sentados ante la majestuosa entrada al Kailasanatha.
Dedicado a Shiva, el Kailasanatha o se√Īor del Kailash, rivaliza en grandiosidad con Abu Simbel o las tumbas palacio de Petra, y muy bien podr√≠a formar parte de la lista de las maravillas del mundo antiguo. Los grandes conjuntos troglod√≠ticos de la antig√ľedad y el templo de Kailash difieren en el m√©todo de su construcci√≥n: mientras que los primeros se excavan de fuera hacia dentro a trav√©s de la pared vertical de la roca, el Kailasanatha y algunos templos m√°s de Ellora se realizan perforando la monta√Īa de arriba hacia abajo.
 
Dise√Īo en planta de la excavaci√≥n de la monta√Īa y la construcci√≥n del templo.
Esta curiosa t√©cnica, tan compleja a primera vista, no deb√≠a de ofrecer en cambio grandes problemas a los obreros, que una vez en la cima de la colina, marcaban el per√≠metro de la construcci√≥n y empezaban a cortar bloques de piedra hasta conseguir un pasillo o galer√≠a a lo largo de √©l, dejando en su interior el trozo de monta√Īa que iban a cincelar.
 
Se da la circunstancia de que los obreros hind√ļes ten√≠an m√°s formaci√≥n como escultores que como constructores o arquitectos; de hecho, el Kailasanatha no est√° considerado como un edificio sino como la mayor escultura del mundo.
 
El Kailasanatha, m√°s que un edificio, es una gigantesca escultura.
Probablemente los "alba√Īiles escultores" de Ellora no conoc√≠an el uso de los andamios, as√≠ que contraviniendo la norma universal, empezaban la casa por el tejado, de tal suerte que la primera excavaci√≥n del per√≠metro era poco profunda, tal vez uno o dos metros, para poder tallar c√≥modamente el techo y las cornisas.
 
En la imagen se puede adivinar el método de excavación desde arriba.
Una vez acabada la techumbre, volv√≠an a excavar un par de metros el pasillo del per√≠metro para poder rebajar la altura y trabajar confortablemente las partes superiores de la fachada. De este modo, se iba descendiendo escalonadamente, cent√≠metro a cent√≠metro, por el interior de la monta√Īa, y la construcci√≥n iba tomando forma desde arriba. Por consiguiente, lo √ļltimo en realizarse eran los suelos y basamentos de las columnas, pues como es natural, no exist√≠an los cimientos, ya que se trataba de un solo bloque, vaciado para practicarle puertas, ventanas y salas.
 
Desde este punto se aprecia el corte en la monta√Īa. La galer√≠a iba pegada para poder labrar desde ella el templo.
A pesar de la dificultad de esta técnica de construcción, lo más complicado era hacer ver a los obreros dónde y cómo tenían que picar. Para ello, los arquitectos de Ellora se valían de un ingenioso método: elaboraban una maqueta del templo y la colocaban dentro de una caja sin tapa que llenaban posteriormente con un líquido oscuro hasta cubrir la miniatura casi por completo.
 
Los obreros tenían que trabajar sólo lo que se veía por encima del líquido, es decir, la techumbre con sus ornamentos; una vez que estaba terminada esta parte, se vertía un poco de fluido fuera de la caja y aparecía la zona superior de las paredes y ventanas. De esta manera, se iba evacuando el líquido paulatinamente para visualizar la maqueta hasta concluir todo el edificio.
 
Hoy en d√≠a s√≠ se usan los andamios para la restauraci√≥n del templo, pero son muy r√ļsticos, a base de troncos atados.
El Kailasanatha, de 30 metros de altura, fue construido en el a√Īo 765 por el rey Krishna I, y es el m√°s grande, complejo y ricamente decorado de todos los de Ellora. Entrar en √©l produce una sensaci√≥n sobrecogedora. Atravesando la entrada, el visitante se encuentra en un espacio flanqueado por dos columnas de 15 metros de altura; junto a cada una de ellas, hay un elefante de piedra esculpido a tama√Īo natural.
 
Espacio de entrada al formidable templo.
La monta√Īa que rodea el templo como un cintur√≥n contiene, excavada en todo el per√≠metro del mismo, una galer√≠a con una gran columnata y dos capillas laterales tan grandes que podr√≠an haber sido templos independientes.
 
Una de las capillas laterales.
Pasando al interior y ascendiendo por la escalera llegamos a una terraza que sirve de entrada a la sala principal del templo, el "mandapa", cuyo techo es la cubierta monolítica más grande del mundo, soportada por 16 columnas.
 
Pasarela que da acceso al "mandapa", a la derecha, con su excepcional cubierta.
Al fondo del "mandapa" se encuentra el sanctasant√≥rum del templo, un oscuro cub√≠culo donde se sit√ļa el "lingam", la imagen m√°s venerada en la India, que consiste en una escultura f√°lica que simboliza el poder creativo de Shiva.
 
Estas mujeres han llevado pétalos para ofrecérselos al
Los devotos llevan p√©talos de flores, adem√°s de leche, incienso y otras ofrendas, que entregan al sacerdote, la √ļnica persona que puede acceder a la sala del "lingam", para que √©ste los esparza sobre la imagen f√°lica.
 
Imagen del "lingam". Las condiciones de luz son muy difíciles para fotografiar.
En esta parte de la visita, el equipo fotográfico que elegí para cubrir este viaje me vuelve a plantear los mismos problemas que tuve en Kerala. Con dos compactas en mi mochila, me encuentro de nuevo en una situación casi imposible de fotografiar, por mucho que una de ellas luciera un zoom de 28-90 milímetros y f2. En el interior del Kailasanatha reina la penumbra, y a mis cámaras les resulta imposible enfocar; el uso del flash está prohibido, y cuando logro enfocar en modo manual, la foto sale trepidada. ¡Ay, cuánto eché de menos cualquier réflex con un objetivo estabilizado!
 
Mujeres indias visitando el complejo.
La gloria del Kailasanatha radica en la riqueza y profusi√≥n de sus esculturas, que cubren la pr√°ctica totalidad del templo, tanto por el interior como por el exterior. Entre ellas destaca una hilera de elefantes de tama√Īo natural que rodea la base de la construcci√≥n, como si el templo descansara sobre sus lomos.
 
El excepcional conjunto de Kailasanatha apoyado sobre la hilera de elefantes.
En muchas de las paredes hay bajorrelieves que reflejan escenas del Ramayana y el Mahabharata, los dos grandes poemas √©picos sobre los que se sustenta toda la cultura hind√ļ, y tambi√©n algunas escenas del Kamasutra.
 
Relieves con pasajes del Kamasutra.
El Kailasanatha en s√≠ es una exhibici√≥n de escultura que narra de manera visual, como en las iglesias cat√≥licas, hechos piadosos para ense√Īar a quienes no sab√≠an leer y deleitar a quienes s√≠ conoc√≠an la lectura. Algo as√≠ como un enorme c√≥mic en piedra.
 
Un visitante local admira en silencio la grandeza del Kailasanatha.
Debo confesar que conocer Ellora, y especialmente el Kailasanatha, me turbó. Merece la pena desplazarse hasta este rincón perdido del mundo sólo para vivir la experiencia de visitar un sitio tan desconocido y sorprendente. Pero hay muchas más cosas interesantes en Maharashtra que nos harán volver a caminar por este estado indio en próximos artículos.
 
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