21/04/2010

Explorando la ciudad rosa del desierto, parte I.

Explorando la ciudad rosa del desierto (I).



Admirada y codiciada por todas las civilizaciones antiguas. Hermosa, seductora, inexpugnable. Un monumento a la genialidad del ser humano; un lugar √ļnico en la tierra. Petra: la bella que por la ma√Īana se viste de oro y al atardecer, de rojo.

Si en pleno siglo XXI esta maravilla rupestre nos conmociona, ¬Ņqu√© pasar√≠a por la cabeza de aquellas civilizaciones antiguas, de aquellas caravanas y viajeros que despu√©s de semanas de atravesar el desierto p√©treo de Edom se daban de bruces con la majestuosa y refinada Petra?
 
Las caravanas ansiaban llegar a Petra para comer, beber agua, descansar en la frescura de la sombra y admirar su belleza.
Edom era el otro nombre por el que se conoc√≠a a Esa√ļ. La palabra "edom" estaba relacionada con el color rojo y la piedra roja. Esa√ļ era pelirrojo y sus descendientes, los edomitas, viv√≠an en una ciudad rodeada de monta√Īas de piedra rojiza: Petra.
 
La policía del desierto vigila algunos enclaves de Petra.
En lo alto de estas monta√Īas, en un lugar pr√°cticamente inaccesible, todav√≠a pueden verse los restos de la aldea edomita, que fue el primer n√ļcleo urbano de Petra, y la posterior acr√≥polis que levantaron los primeros nabateos.
 
Encaramados en lo alto y con abundante agua almacenada pudieron defenderse con éxito de todos los ejércitos que pretendieron ocuparla.
 
Encima de estas inaccesibles monta√Īas quedan restos edomitas.
Situado en Wadi Musa -el Valle de Moisés-, tomo el camino que conduce a la angosta garganta del Siq. Beduinos a caballo o camello me ofrecen sus monturas para acercarme hasta el comienzo de ese desfiladero por donde se entra a Petra, pero declino la invitación. Este tramo debe hacerse caminando para disfrutar palmo a palmo del terreno.
 
Los beduinos ofrecen monturas y carretas que llevan al turista hasta el interior de Petra.
Adem√°s, acercarse a pie a esta joya oculta entre monta√Īas y desfiladeros es un paseo de no m√°s de 45 minutos, donde la emoci√≥n crece a cada paso que se da. A ambos lados del polvoriento sendero empiezan a aparecer los petroglifos y las primeras construcciones nabateas.
 
Aparecen los primeros petroglifos y betilos nabateos.
A un lado, junto al camino, aparecen tres bloques c√ļbicos tallados para separarlos del resto de la monta√Īa. Los beduinos los llaman los Bloques de los Djinn, la morada de los magos o esp√≠ritus que custodiaban la entrada a Petra.
 
Los Bloques de los Djinn.
A la izquierda, un complejo que, aunque parece un √ļnico bloque, est√° formado por dos pisos labrados sobre la misma monta√Īa. El de arriba, llamado la Tumba de los Obeliscos, contiene la imagen de un hombre con atuendo griego flanqueado por dos obeliscos a cada lado.
 
La Tumba de los Obeliscos y el Triclinio de Bab el Siq.
El de abajo es el triclinio funerario de Bab el Siq. Todos los triclinios serv√≠an para lo mismo: eran una sala vac√≠a sin decoraci√≥n de ning√ļn tipo, con tres bancos corridos donde se reun√≠an los familiares del finado para comer y celebrar los aniversarios del √≥bito. Sin duda, este complejo fue mandado construir por alguna familia adinerada de Petra.
 
Y un poco m√°s adelante llegamos a la garganta del Siq.
 
Mirando hacia la parte alta del Siq.
Es difícil expresar lo que el viajero siente al caminar por el Siq, adentrándose en un angosto desfiladero de paredes verticales de 40 metros de altura que cambian de formas y colores en cada recodo.
 
Paredes verticales parecen engullir al caminante.
En algunos rincones puede observarse restos del pasado caravanero del sitio, como la sorprendente talla de La Caravana, recientemente descubierta, que representa a dos hombres conduciendo cada uno de ellos a dos dromedarios, al modo de cómo entraban estas reatas de animales cargados de mercancías para venderlas en la ciudad.
 
El relieve de La Caravana.
El relieve fue esculpido sobre la propia garganta aprovechando las formas y colores de la roca. La parte superior está completamente erosionada, mientras que la inferior, al haber estado enterrada durante siglos, se encuentra en mejor estado de conservación.
 
En cada recodo cambian el color y las formas de las paredes.
El silencio casi religioso hace que el ruido de las pisadas se perciba mucho más fuerte. La mirada, ensimismada, no para de recorrer el insólito paisaje. La cabeza imagina que, como en el cuento de Julio Verne, se trata de un viaje al centro de la tierra. Y el corazón palpita cada vez más rápido ante la inminente cercanía de la entrada a la ciudad de Petra.
 
El Siq parece realmente un viaje al centro de la tierra.
Petra está llena de instantes mágicos, paisajes asombrosos e imágenes de rara belleza, pero el momento culminante de la visita se produce al término del desfiladero del Siq, cuando, como si del telón de un teatro se tratara, se abre repentinamente la roca para mostrar al viajero la colosal fachada de el-Khazneh el-Faroum: el Tesoro del Faraón.
 
Uno de los momentos inolvidables de Petra: cuando se abre el Siq para dejar ver la primera maravilla: el Tesoro del Faraón.
Uno de los momentos inolvidables de Petra: cuando se abre el Siq para dejar ver la primera maravilla: el Tesoro del Faraón.
Dicho nombre proviene de la vieja creencia de los beduinos de que el faraón que mandó construir el mausoleo guardaba su tesoro en la urna esférica que corona la monumental fachada.
Desde que los beduinos se hicieron con espingardas y otras armas de fuego, no cesaron de disparar contra esta bola pétrea con el ánimo de romperla y hacer caer el oro que supuestamente encerraba.
 
A ambos lados de la formidable fachada se pueden ver los huecos tallados donde se ponían los andamios y escalaban los picadores de piedra.
De todas las maravillas de Petra, el edificio del Tesoro es el mejor conservado. Encajado entre monta√Īas, en la cara Este de una de ellas, quedaba protegido del sol, el viento y las aguas torrenciales que se producen en el invierno de esta zona escarpada.
 
Esta hermosa fachada es un testimonio elocuente del grado de civilización, refinamiento y prosperidad que la ciudad llegó a alcanzar.
 
La boca del Siq vista desde el mausoleo del Tesoro.
En Petra se encuentran más de mil tumbas monumentales, lo cual hace suponer que la muerte les obsesionaba, tal y como les ocurría a sus vecinos, los egipcios.
 
Entre las más notables se encuentra el complejo de tumbas conocidas con el nombre de Tumbas Reales, situadas al oeste, por donde muere el sol, como hacían también los faraones.
 
La ladera de una monta√Īa sirve de lienzo al grandioso complejo de las Tumbas Reales.
La primera de este conjunto es la Tumba Palacio, quizás el edificio funerario más monumental de Petra. Se le llamó así por su semejanza con los palacios helenísticos. En ella se enterraron a cuatro reyes.
 
Y para cada uno de ellos, un piso que se iba labrando en la monta√Īa seg√ļn iban falleciendo. Llegado el cad√°ver del cuarto monarca y falt√°ndole altura a la monta√Īa, los arquitectos decidieron levantar este √ļltimo piso con labores de alba√Īiler√≠a.
 
Desgraciadamente, los terremotos y los siglos de erosión hicieron que este piso de elaborada crestería se viniera abajo, quedando tan sólo algunos vestigios de su construcción.
 
La Tumba Palacio y su crestería derruida.
Otra de las extraordinarias Tumbas Reales es la llamada Tumba Corintia, nombre que debe a los capiteles que decoran su fachada. En ella se evidencia la mano de la naturaleza, que, sobre el trabajo del hombre, ha ido esculpiendo con la erosi√≥n toda su superficie, haciendo desaparecer hasta los pelda√Īos de acceso a la entrada.
 
Debido a su mal estado, la Tumba Corintia es la primera que ha empezado a ser restaurada.
La tercera tumba monumental de este complejo es la Tumba de la Seda, nombre que debe al fant√°stico veteado de color que luce la arenisca de su fachada. Tambi√©n los pelda√Īos de acceso han sido redise√Īados por la erosi√≥n.
 
Una llamativa amalgama de colores decora la fachada.
Por fin, cierra este conjunto la colosal Tumba de la Urna, as√≠ llamada por la vasija que corona su frontal. Bajo la fachada principal se ve una galer√≠a de b√≥vedas de ca√Ī√≥n que fue construida durante el per√≠odo bizantino siguiendo la escuela nabatea, es decir, empleando el trabajo de alba√Īiler√≠a s√≥lo cuando la roca del monte no alcanzaba las dimensiones deseadas.
 
La Tumba de la Urna, la m√°s colosal del complejo. Impresiona la altura de esta talla.
Esta tumba es tan grande que los propios bizantinos la hicieron catedral. En su interior, como en el de todas las construcciones nabateas de este tipo, no hay nada, tan sólo la fascinante decoración que emana de las vetas de arenisca.
 
Veteado en el techo interior, junto a una ventana.
Es mediodía y el cielo está cada vez más negro. Después de las recientes nevadas el viento gélido y racheado flagela la piel con los granos de arena y hielo que lleva en suspensión. Mi guía me avisa de que se avecina una tormenta torrencial.
 
Galería de la Tumba de la Urna vista desde el interior.
Maldigo mi mala suerte, pues todos los elementos se han puesto en mi contra. Es un gran contratiempo visitar un lugar tan bello y fotogénico como Petra con estos cielos blancos, cargados de nubes pertinaces, con una luz y unos contrastes perversos que hacen imposible recoger y reproducir la extraordinaria amalgama de colores de sus laderas.
 
La mujer beduina se calienta en la hoguera de una peque√Īa caba√Īa sin puertas.
Por si fuera poco, se ha levantado el viento del desierto, lo √ļnico que, junto a las salpicaduras salitrosas de la mar, no resiste ninguna c√°mara de fotos, por muy sellada que est√©. Lo prudente es recoger el equipo y esperar a otra oportunidad.
 
Petra es enorme, y para verla como se merece es preciso emplear como mínimo dos días. Todavía faltan muchas maravillas y lugares increíbles que visitar. Para acudir a ellos las distancias son largas, y en algunos casos hay que subir cientos de escalones tallados sobre la piedra.
 
Los ni√Īos beduinos est√°n aclimatados a las temperaturas extremas, tanto en verano como en invierno.
Con esta ventisca y lloviendo furiosamente, cualquier escalón se torna resbaladizo y puede ser una trampa mortal para caer en los muchos precipicios que bordean el camino.
 
Me encasqueto hasta las orejas el gorro polar, fijo las cinchas de mi mochila y meto las manos en los bolsillos para intentar calentar y reanimar la circulación de los dedos. A paso ligero, retrocedemos en dirección al pueblo de Wadi Musa antes de que descargue la tormenta.
 
Muchos caminos en Petra son escalonados. Si llueve, se convierten en torrentes y saltos de agua; hay que huir de ellos.
Waleed, que así se llama el guía, habla con la voz entrecortada por el esfuerzo. Me cuenta que antes de que los nabateos construyeran la extensa red de canalizaciones de Petra, las grandes avenidas de agua bajaban tumultuosamente por el desfiladero por el que volvemos, llevándose por delante animales y todo lo que se ponía en medio.
 
Le miro de reojo levantando la ceja, me mira, y después de unos segundos le grito: ¡Acelera!. Y empezamos a correr despavoridos entre carcajadas y tropezones.
 
Estos reportajes se publican también en la página web "quesabesde.com"
Reservados todos los derechos.

Respuesta a pram:

Hola pram.

Pues muy f√°cil, hay tres formas de que no salga mucha gente en las fotos:

1.- Madrugar y entrar antes que vengan las hordas de turistas

2.- Una vez que estás dentro y van entrando todos los grupos se aplica el "plan B": empezar el recorrido al revés, así cuando llegas al principio la mayoría ya se ha marchado.

3.- Paciencia, paciencia y paciencia. Esta √ļltima la puedes aplicar cuando vas s√≥lo. Si vas en grupo lo tienes crudo, hay que seguir al ritmo de los dem√°s.

Gracias or tu comentario y un cordial saludo.

09/03/2011

pram

Como te las arreglas para que no salga ning√ļn turista en las fotos.....

08/03/2011

Si deseas publicar alg√ļn comentario sobre este reportaje s√≥lo tienes que rellenar todos los campos del formulario inferior.

Usuario

Email (no se publicar√°)

Comentario sobre el reportaje

Azken Muga :: Blog de Viajes