31/07/2011

Tribus de Etiopía: Los Hamer, el salto de la vaca y las mujeres azotadas.

Tribus de Etiopía: Los Hamer, el salto de la vaca y las mujeres azotadas.



 
En esta segunda entrega sobre el pais de los Hamer, la tribu m√°s numerosa de las que habitan el valle del  r√≠o Omo, visitaremos sus coloridos mercados y algunas de sus ancestrales tradiciones, como el ‚ÄúUkul√≠ Kul√°‚ÄĚ, o salto de la vaca, una ceremonia famosa en toda √Āfrica y una m√°s de las costumbre at√°vicas de este misterioso continente.
 

 
Los Hamer son hábiles recolectores de miel. Durante siglos buscaron los panales salvajes que las abejas construyen en los huecos y ramas de los árboles pero no tardaron en descubrir que podían fabricar ellos mismos estos panales y colgarlos de las ramas a salvo del ataque de los animales, y así, casi sin quererlo, se convirtieron en los mejores apicultores del continente.
 
 
 
Para realizar los panales cortan troncos de medio metro de diámetro aproximadamente, les quitan la corteza y los vacían. Así obtienen un cilindro en cuyo interior colocan tablas separadas entre sí para que las abejas depositen su fluido viscoso.
 
 
 
La abeja produce tres veces más miel que la que necesita para sobrevivir y los Hamer, que lo saben, aprovechan este excedente para cubrir sus necesidades. Recolectan para su consumo pero siempre dejan una cantidad suficiente para no perjudicar el desarrollo de la colonia de insectos. Toda una lección de aprovechamiento sostenible de los recursos.
 
 
 
Aqu√≠, como en otras culturas, la miel es un producto muy valioso, casi sagrado, ya que junto con la ca√Īa de az√ļcar son los dos √ļnicos endulzantes de los que pueden disponer. Ambos productos se consumen sin ning√ļn tipo de manipulaci√≥n: la miel tal y como se recolecta, en bloques, mientras que la ca√Īa de az√ļcar se corta con el machete, se pela y se muerde directamente para extraerle el jugo.
 
 
 
Como en todas las comunidades el ser humano necesita productos de los que no dispone, ese es el origen de los mercados, y los de los Hamer son ciertamente espectaculares, en especial los de Turmi y Dimeka, magníficos escaparates para observar la cultura y costumbres de esta etnia.
 
 
 
A estos mercados, generalmente semanales, se acercan tribus de todos los poblados de la región. Se necesitan, dependen del resto y en ellos crean lazos sociales vitales para su supervivencia ya que viven muy aislados.
 
Salvo las conchas marinas y alg√ļn otro producto todo lo que se expone es de la regi√≥n: vegetales, especias, sorgo, telas, caf√©, tabaco, calabazas, herramientas o simplemente pigmento ocre en polvo para ponerse m√°s guapa.
 
 
 
En una cultura tan cerrada y antigua donde los bienes materiales son escasos el trueque es la transacci√≥n m√°s frecuente, aunque no es extra√Īo usar el birr, la moneda nacional et√≠ope, para negociar. No hay clases sociales puesto que nadie produce ni almacena nada en grandes cantidades, nadie es autosuficiente, su h√°bitat no se lo permite.
 
 
 
Las transacciones son muy peque√Īas porque compran s√≥lo lo que necesitan y lo que pueden transportar; de hecho es curioso observar que las vendedoras ocupan mucho m√°s espacio que la mercanc√≠a que exponen.
 
 
 
Los mercados Hamer son el punto de reunión social más importante. Aquí comercian con sus productos pero también conocen gentes de pueblos lejanos e incluso de otras etnias.
 
 
 
El mercado es para comprar cambiar o vender, pero también es una ocasión inmejorable para que las y los jóvenes luzcan palmito, por eso el día de mercado se preparan a conciencia con sus mejores galas. Fruto de este contacto surgen la mayoría de nuevos matrimonios.
 
Las muchachas solteras se distinguen fácilmente -no llevan collar metálico- y saben que son observadas por sus futuros pretendientes. Ellos no pierden detalle y calculan las posibilidades de éxito que pueden tener en la conquista de la elegida; en esto sí que nos parecemos a los Hamer sólo que nosotros lo hacemos en bares y discotecas…
 
 
 
En la cultura Hamer la mujer no tiene derecho a decidir qui√©n va a ser su marido, son los padres quienes lo escogen. Generalmente esta elecci√≥n va unida al n√ļmero de vacas que el pretendiente est√© dispuesto a dar como dote a la familia de la novia.
 
Este precio hace que muchas jóvenes tengan que casarse en contra de su voluntad con hombres de edad muy avanzada, que son los que más ganado tienen, teniendo que renunciar al muchacho con quien realmente les gustaría desposarse.
 
 
 
El hombre puede casarse con cuantas mujeres desee siempre que las pueda mantener con la √ļnica condici√≥n de que ellas sean Hamer; tambi√©n debe cuidar de las esposas o viudas de sus hermanos en caso de que √©stos se ausenten o fallezcan.
 
 
 
En la cultura de los hombres Hamer el ‚ÄúUkul√≠ Kul√°‚ÄĚ (‚Äúsalto de la vaca‚ÄĚ) es uno de los eventos m√°s importantes de su vida; consiste en la celebraci√≥n del paso de la ni√Īez a la fase adulta en la que el var√≥n se convierte en guerrero y adquiere el derecho a casarse y formar su propia estirpe despu√©s de pasar un per√≠odo de adaptaci√≥n.
 
Durante la fase de preparaci√≥n, el muchacho que se enfrentar√° a la prueba del ‚ÄúUkul√≠ Kul√°‚ÄĚ no puede cortarse el pelo; es su forma de decir a todo el mundo que va a ser el protagonista de la ceremonia.
 
 
 
Antes de la fiesta del ‚Äúsalto de la vaca‚ÄĚ las mujeres de la familia del joven pasan varios d√≠as dando vueltas alrededor de su casa tocando una peque√Īa corneta, cantando y pregonando a los cuatro vientos que uno de sus muchachos va a celebrar la ceremonia.
 
 
 
Llegado el día, gran cantidad de grupos procedentes de todos los rincones del país de los Hamer se trasladan hasta la aldea donde va a tener lugar la ceremonia. Viendo la cantidad de gente que se desplaza sorprende ver la capacidad de convocatoria de esta fiesta.
 
 
 
Una vez en la aldea se escoge una explanada próxima donde las mujeres comienzan a bailar en corro al son de los cascabeles que llevan bajo las rodillas y de sus inseparables cornetas.
 
 
 
Mientras tanto, los hombres acercan el reba√Īo de vacas que servir√°n para poner a prueba la destreza del ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ (‚Äúsaltador‚ÄĚ), que viene en el centro del reba√Īo en un acto de uni√≥n con los animales que le van a dar el paso a la edad adulta.
 
 
 
Tambi√©n los j√≥venes de la aldea del ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ se pintan la cara, una se√Īal de respeto al protagonista de la ceremonia y un aviso de que ese d√≠a va a ser muy importante para todo el poblado.
 
 
 
Poco antes del comienzo de la ceremonia se produce el acto m√°s impactante y desagradable a los ojos del visitante: las muchachas Hamer de la aldea del ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ se acercan a los hombres y bailando ante ellos les piden ser azotadas.
 
La chica, situada frente al hombre que ha escogido, baila levantando la corneta al cielo e invitando al joven que le d√© un latigazo. √Čl lleva una larga y fina vara de arbusto en la mano y parece pens√°rselo; de hecho, la chica suele tener que insistir hasta conseguir lo que quiere.
 
 
 
Una vez azotada, ella buscar√° a otro joven y le volver√° a pedir lo mismo y a su vez, cada hombre tendr√° que azotar a todas las muchachas que se lo pidan.
 
Los hombres deben ser escogidos por ellas, cualquiera no puede golpearles.
 
 
 
Al parecer este rito sangriento tiene como objetivo confirmar y avalar ante los otros poblados Hamer que en su aldea todos son valientes, inclu√≠das las mujeres, y el ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ ser√° un gran guerrero y cazador.
 
 
 
A pesar de los azotes recibidos no muestran signos de dolor, siguen riendo, cantando y bailando. Probablemente toman alg√ļn tipo de brebaje a base de hierbas que les lleva a ese estado de euforia y al mismo tiempo las insensibiliza al dolor.
 
A la vista de esas espaldas descarnadas y ensangrentadas es fácil intuir que una vez pasado el hechizo de la ceremonia estas jóvenes van a sufrir mucho hasta que cicatricen sus heridas, y más si tenemos en cuenta que nunca llevan nada sobre la cabeza, todo lo cargan en la espalda.
 
 
 
Despu√©s de ser azotadas se re√ļnen junto a las vacas haciendo sonar sus cascabeles y cornetas en una danza fren√©tica que pretende conjurar al reba√Īo para que nada falle durante el salto del Ukul√≠.
 
 
 
Mientras todo esto sucede, el ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ es llevado al interior de un c√≠rculo hecho por guerreros donde un hechicero le susurra conjuros al o√≠do, f√≥rmulas m√°gicas que le ayudar√°n a superar la prueba del salto de la vaca.
 
De pie, los hombres que forman el círculo guardan un silencio casi sagrado y el padre abraza por la espalda al joven con la intención de darle fuerza y protección. Sólo se oyen los susurros del chamán y de fondo los latigazos y cánticos de las chicas Hamer.
 
 
 
En cada rincón del descampado se despliega una gran actividad. En el centro los hombres colocan las vacas muy juntas y cuando terminan todo está preparado para que comience la ceremonia. La expectación es enorme.
 
 
 
El saltador va a iniciar la prueba; deberá saltar por encima de los animales un mínimo de siete veces en ambos sentidos. Si no lo hace y cae no conseguirá el respeto del resto de los Hamer ni el derecho a casarse y tener una vida adulta y completa.
 
 
 
Debe cruzar siete veces por encima de las vacas, pero cuantas más veces lo haga mayor será la admiración de los espectadores y las jóvenes que le están observando.
 
 
 
Esta vez el ‚ÄúUkul√≠‚ÄĚ ha logrado saltar nueve veces, una buena marca que le ha dado el benepl√°cito de toda la comunidad Hamer , que lo celebra con j√ļbilo levantando al aire sus bastones. √Čl permanecer√° un buen rato a solas, asumiendo su nueva condici√≥n, feliz porque ya es un adulto respetado y puede dirigirse con orgullo al resto de la tribu.
 
 
 
La ceremonia del "Ukulí Kulá" ha terminado; los visitantes emprenden el regreso de inmediato. Muchos de ellos han venido de aldeas lejanas y les quedan unas muchas horas de camino; algunos grupos pasarán una o varias noches caminando hasta llegar a sus poblados.
El sol cae ti√Īendo de naranja el paisaje, es el anuncio del final del d√≠a, un gran d√≠a para el pueblo Hamer.
 
Hombres y mujeres que se alejan hacia lo m√°s profundo de la sabana levantando tras sus pasos una nube de polvo, el velo que oculta los misterios del √Āfrica profunda que a tantos viajeros nos ha cautivado a lo largo de los siglos.
 
 
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